Lacueva nos señala que el hombre busca el placer egoísta y nos muestra algunos sistemas éticos utilitaristas que desde hace tiempo han existido; uno de ellos es el epicureísmo que proclamaba el buscar entre los diversos placeres el mayor que los llevara a un placer duradero, permanente y puro. Por otro lado el utilitarismo proclama que se debe buscar la mayor felicidad del mayor número posible de personas, no importando su motivación de los hechos sino que los resultados sean buenos. También encontramos los sistemas éticos idealistas entre los cuales se encuentran; el intuicionismo es lo contrario al hedonismo porque los estoicos consideraban que lo más importante de la conducta es el motivo y el bien supremo consiste en el esfuerzo por alcanzar la virtud. Por otro lado Kant formuló los siguientes principios básicos: a) Las reglas de la conducta deben ser universales, donde la inmoralidad consiste en buscar excepciones a nuestro favor. b) Los hombres son fines no medios. Sistemas éticos dialécticos Spencer sostenía que es bueno todo aquello que tiende a la superviviencia, entonces la vida viene a ser, el sumo bien y la adaptación a las circunstancias, lo que proporciona placer y bien no sólo para el individuo sino también para la sociedad. La ética de Hegel nos dice que el hombre debe realizar su conciencia de sí mismo. A diferencia de otros pueblos, el pueblo judío no separa la ética de la teología, ya que Dios les reveló su voluntad a través del Antiguo Testamento podemos ver las normas de conducta que el pueblo de Dios debe mostrar a en las diferentes áreas de su vida. La Torah les guiaba para no pecar contra Dios y si lo habían hecho eran confrontados por la santidad de Dios mostrada en ella. Jesús además de cumplir con la Ley y vino a enseñarnos la comunión con su Padre y la obediencia delante de Él, poniendo la mira en las cosas de arriba ya que las cosas de este mundo son efímeras y de nada valen, lo valioso son los tesoros en el cielo por que son eternos y espirituales. Sabemos que Jesús enseñaba en un lenguaje sencillo y con símbolos, para que la gente pudiera entender con mayor facilidad los diferentes temas de los que Jesús les hablaba como el amor al prójimo, el no juzgar a otros, la hipocresía, la limosna etc. Pablo al igual que Jesús integró la ética con la Teología y la aplica en la vida cotidiana, en lo problemas inmorales de la sociedad, quizá Pablo habla con más detalle que Cristo sobre el reino de Dios, la salvación, la fe que son las principales bases Teológicas de Pablo. Es importante recordar que la vida cristiana es un éxodo espiritual, pues sabemos que Dios nos hizo a su imagen y semejanza y por lo tanto con un corazón recto como el de Él, pero al perder la comunión con Dios al desobedecerlo se distorsionó la imagen de Dios en el hombre y fue un ser independiente y autónomo, no quiso depender más de Dios. Dios sabía que el hombre necesitaba una solución a su problema de pecado y fue hecha la promesa de que enviaría a un redentor para salvar al hombre de la condenación eterna y así llegó a ser el cordero pascual que la humanidad necesitaba para volver a tener la identidad de Dios y la plena comunión con Él. En ese momento el Espíritu Santo viene a la vida del cristiano y lo transforma en una nueva criatura que se va a ir perfeccionando y purificando disponiendo su corazón a ser moldeado y guiado por el Espíritu Santo que mora en él para participar de la moral divina de Dios. Lacueva menciona los elementos de la acción ética que es el obrar del hombre conciente y responsable el primero es el análisis del acto moral el único que puede juzgar imparcialmente y certeza es Dios por que Él es omnisciente ya que el hombre es egoísta a causa del pecado y no tienen una visión clara sobre el bien y el mal pues su naturaleza lo hace inclinarse hacia el mal. Sabemos que no hay pecados grandes o pequeños, pero si hay males menores movidos por motivos determinantes e influyentes, los cristianos conforme vamos conociendo a Dios vamos discerniendo su voluntad y vamos conformando nuestra vida a ella. Cuando Cristo viene a la vida del hombre lo transforma completamente y la guía del Espíritu Santo sobre su vida lo lleva a perfeccionar su vida delante de Dios y de sus familias ya que para él ya no hay normas sin que es un estilo de vida nueva que lleva por amor a Dios y con el fin de agradar a aquel que dio su vida en la cruz por Él. Creyendo que él es la sal de esta tierra y al cumplir sus deberes tanto con él como con la sociedad que lo rodea. La Biblia es por excelencia la guía de todo cristiano por que ahí Dios manifiesta su voluntad en las diferentes áreas del ser humano como familiares, matrimonio, sexualidad, sociedad, alimentación, la iglesia, su relación con las autoridades etc, etc. La ética absoluta de Dios es clara y nos se puede acomodar según la cultura, tiempo o a conveniencia por que entonces se estará desobedeciendo a Dios y dando lugar al pecado.
Materia: Ética Bíblica Maestro: Rafael Pola Baca Alumno: Melitón Mejía Zavala ÉTICA CRISTIANA (Francisco Lacueva)
PRIMERA PARTE: LOS SISTEMAS ETICOS
NOCIÓN GENERAL DE LA ÉTICA
Cuando surge la desobediencia de nuestros primeros padres, entonces nace la ética como forma de regir el buen vivir del ser humano conforme al propósito de Dios. El estudio y la practica de la ética es importante porque investiga y norma la conducta humana, busca los principios basicos según los cuales cada individuo procura determinar cómo debe actuar en cualquier situación que se le presente en la vida. El hombre no es un ser autonomo, puesto que es un ser creado y por tanto es limitado y relativo, nada hay absoluto en el hombre, depende existencialmente del creador que le ha señalado la meta y el camino. De Dios le ha de venir. La ética, como una rama de la filosofía, está considerada como una ciencia normativa, porque se ocupa de las normas de la conducta humana. El hombre despúes de la caída original esta inclinado al mal y es incapaz de cumplir el mandato de Dios y se revela constantemente a vivir bajo un orden divino ético. Porque sustituyen la verdad acerca de Él con fantasías e imaginaciones. Ahogan la verdad de Dios naturalmente revelada a todas las personas, a fin de creer cualquier cosa que sustente su estilo de vida egocéntrico. Dios no puede tolerar el pecado porque su naturaleza es moralmente perfecta. No puede pasar por alto ni condonar una rebelión tan deliberada. Dios quiere quitar el pecado y restaurar al pecador, y puede hacerlo en la medida que el pecador no distorsione ni rechace la verdad con obstinación. Pero su ira se revela contra los que persisten en pecar. Dios ha revelado su existencia a través de la naturaleza. Cada persona, por lo tanto, debe aceptar o rechazar a Dios. Si la gente suprime la verdad de Dios a fin de vivir a su manera, no tiene excusa. Conoce la verdad y tiene que sufrir las consecuencias de pasarla por alto. El amor de Dios no es estático ni egoísta, sino que se extiende y atrae a otros a sí. Dios establece aquí el verdadero molde del amor, la base de toda relación de amor. Si uno ama a alguien profundamente, está dispuesto a darle amor a cualquier precio. Dios pagó, con la vida de su Hijo, el más alto precio que se puede pagar. Jesús aceptó nuestro castigo, pagó el precio de nuestros pecados, y luego nos ofreció una nueva vida que nos compró con su muerte. Muchas personas rechazan la idea de vivir para siempre porque viven vidas tristes. Pero la vida eterna no es la extensión de la miserable vida mortal del hombre; vida eterna es la vida de Dios encarnada en Cristo que se da a todos los que creen como garantía de que vivirán para siempre. En esa vida no hay muerte, enfermedad, enemigo, demonios ni pecado. Cuando no conocemos a Cristo, tomamos decisiones pensando que esta vida es todo lo que tenemos. En realidad, esta vida es solo el comienzo de la eternidad. Empiece, por lo tanto, a evaluar todo lo que le sucede desde una perspectiva eterna. Muchas veces la gente trata de salvarse de lo que teme poniendo su fe en cosas que tienen o hacen: buenas obras, capacidad o inteligencia, dinero o posesiones. Pero solo Dios puede salvarnos de lo que en verdad debemos temer: la condenación eterna. Confiamos en Dios reconociendo la insuficiencia de nuestros esfuerzos por alcanzar la salvación y pidiéndole que haga su obra en nuestro favor. Muchas personas no quieren que sus vidas queden expuestas a la luz de Dios porque temen lo que esta pueda revelar.
SISTEMAS ETICOS UTILITARISTAS Estos sistemas llevan al hombre a reaccionar de una forma egoista en donde el placer ocupa le parte primordia del diario vivir, buscando que estos placeres vayan a espacios más constantes y de mayor intensidad. El epicureísmo es el representante de estas vivencias. Estas actitudes no van a caminar libremente y van a ser juzgadas, porque no solo lo que satisface mis deseos personales es del todo bueno, se reconoce que el sentido moral, está tanto más desarrollado cuanto más dispuesto se está a sacrificar los placeres propios a las necesidades ajenas y al bien común, incluido el del propio individuo. Toda persona con sentido ético considera que es malo procurar el placer propio a expensas del prójimo. El utilitarismo defiende que el hombre debe buscar la mayor felicidad del mayor número de personas.
SISTEMAS ETICOS IDEALISTAS Los instuicionistas establecen que lo importante de la conducta es el motivo, el cual ha de ser el deber. Esta doctrina esta representada por los estoicos, para quienes el bien supremo consiste en alcanzar la virtu, la cual radica totalmente en la intención, según ellos solo así se alcanza la verdadera armonia, con la naturaleza, el sabio no debe rendirse a la pasión, sino abstenaerse y permanecer impasible, admiten que es imposible definir lo bueno. Aunque el sentido de la obligación es muy importante, el motivo es un elemento esencial, de la conducta y las consecuencias también son importantes. Según Kant, no importa con cuánta inteligencia actúe el individuo, los resultados de las acciones humanas están sujetos a accidentes y circunstancias; por lo tanto, la moralidad de un acto no tiene que ser juzgada por sus consecuencias sino sólo por su motivación ética. Sólo en la intención radica lo bueno, ya que es la que hace que una persona obre, no a partir de la inclinación, sino desde la obligación, que está basada en un principio general que es el bien en sí mismo. Como principio moral último, Kant volvió a plantear el término medio en una forma lógica: “Obra como si la máxima de tu acción pudiera ser erigida, por tu voluntad, en ley universal de la naturaleza”. Esta regla es denominada imperativo categórico, porque es general y a la vez encierra un mandato. Kant insistió en que uno ha de tratar a los demás como si fueran “en cada caso un fin, y nunca sólo un medio”. el filósofo alemán Georg Wilhelm Friedrich Hegel aceptó el imperativo categórico de Kant, pero lo enmarcó en una teoría universal evolutiva donde toda la historia está contemplada como una serie de etapas encaminadas a la manifestación de una realidad fundamental que es tanto espiritual como racional. La moral, según Hegel, no es el resultado de un contrato social, sino un crecimiento natural que surge en la familia y culmina, en un plano histórico y político, en el Estado prusiano de su tiempo. “La historia del mundo, escribió, es disciplinar la voluntad natural incontrolada, llevarla a la obediencia de un principio universal y facilitar una libertad subjetiva”. El filósofo y teólogo danés Sören Kierkegaard reaccionó con fuerza en contra del modelo de Hegel. En O lo Uno o lo Otro (1843), Kierkegaard manifestó su mayor preocupación ética, el problema de la elección. Creía que modelos filosóficos como el de Hegel ocultan este problema crucial al presentarlo como un asunto objetivo con una solución universal, en vez de un asunto subjetivo al que cada persona tiene que enfrentarse de manera individual. La propia elección de Kierkegaard fue vivir sometido a la ética cristiana. Su énfasis en la necesidad de la elección tuvo influencia en algunos filósofos relacionados con el movimiento conocido como existencialismo, tanto como con algunos filósofos críticos, cristianos y judíos. Según Platón, el bien es un elemento esencial de la realidad. El mal no existe en sí mismo, sino como reflejo imperfecto de lo real, que es el bien. En sus Diálogos (primera mitad del siglo IV a.C.) mantiene que la virtud humana descansa en la aptitud de una persona para llevar a cabo su propia función en el mundo. El alma humana está compuesta por tres elementos —el intelecto, la voluntad y la emoción— cada uno de los cuales posee una virtud específica en la persona buena y juega un papel específico. La virtud del intelecto es la sabiduría, o el conocimiento de los fines de la vida; la de la voluntad es el valor, la capacidad de actuar, y la de las emociones es la templanza, o el autocontrol. La virtud última, la justicia, es la relación armoniosa entre todas las demás, cuando cada parte del alma cumple su tarea apropiada y guarda el lugar que le corresponde. Platón mantenía que el intelecto ha de ser el soberano, la voluntad figuraría en segundo lugar y las emociones en el tercer estrato, sujetas al intelecto y a la voluntad. La persona justa, cuya vida está guiada por este orden, es por lo tanto una persona buena. Aristóteles, discípulo de Platón, consideraba la felicidad como la meta de la vida. En su principal obra sobre esta materia, Ética a Nicómaco (finales del siglo IV a.C.), definió la felicidad como una actividad que concuerda con la naturaleza específica de la humanidad; el placer acompaña a esta actividad pero no es su fin primordial. La felicidad resulta del único atributo humano de la razón, y funciona en armonía con las facultades humanas. Aristóteles mantenía que las virtudes son en esencia un conjunto de buenos hábitos y que para alcanzar la felicidad una persona ha de desarrollar dos tipos de hábitos: los de la actividad mental, como el del conocimiento, que conduce a la más alta actividad humana, la contemplación, y aquéllos de la emoción práctica y la emoción, como el valor. Las virtudes morales son hábitos de acción que se ajustan al término medio, el principio de moderación, y han de ser flexibles debido a las diferencias entre la gente y a otros factores condicionantes. Por ejemplo, lo que uno puede comer depende del tamaño, la edad y la ocupación. En general, Aristóteles define el término medio como el estado virtuoso entre los dos extremos de exceso e insuficiencia; así, la generosidad, una virtud, es el punto medio entre el despilfarro y la tacañería. Para Aristóteles, las virtudes intelectuales y morales son sólo medios destinados a la consecución de la felicidad, que es el resultado de la plena realización del potencial humano. ´ÉTICA TEOCRATICA O TEOLOGICA Los modelos éticos de la edad clásica fueron aplicados a las clases dominantes, en especial en Grecia. Las mismas normas no se extendieron a los no griegos, que eran llamados barbaroi (bárbaros), un término que adquirió connotaciones peyorativas funda sus normas en el mismo carácter de Dios. En cuanto a los esclavos, la actitud hacia los mismos puede resumirse en la calificación de ‘herramientas vivas’ que le aplicó Aristóteles. En parte debido a estas razones, y una vez que decayeron las religiones paganas, las filosofías contemporáneas no consiguieron ningún refrendo popular y gran parte del atractivo del cristianismo se explica por la extensión de la ciudadanía moral a todos, incluso a los esclavos. El advenimiento del cristianismo marcó una revolución en la ética, al introducir una concepción religiosa de lo bueno en el pensamiento occidental. Según la idea cristiana una persona es dependiente por entero de Dios y no puede alcanzar la bondad por medio de la voluntad o de la inteligencia, sino tan sólo con la ayuda de la gracia de Dios. La primera idea ética cristiana descansa en la regla de oro: “Lo que quieras que los hombres te hagan a ti, házselo a ellos” (Mt. 7,12); en el mandato de amar al prójimo como a uno mismo (Lev. 19,18) e incluso a los enemigos (Mt. 5,44), y en las palabras de Jesús: “Dad al César lo que es del César y a Dios lo que es de Dios” (Mt. 22,21). Jesús creía que el principal significado de la ley judía descansa en el mandamiento “amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón y con toda tu alma y con toda tu fuerza y con toda tu mente, y a tu prójimo como a ti mismo” (Lc. 10,27). El cristianismo primigenio realzó como virtudes el ascetismo, el martirio, la fe, la misericordia, el perdón, el amor no erótico, que los filósofos clásicos de Grecia y Roma apenas habían considerado importantes. SEGUNDA PARTE: ÉTICA DE LA LEY El principio de una nueva vida es el reconocimiento del pecado en el hombre, la gente se siente culpable por pasar un rato agradable o por sentirse bien por un logro. Esto no debe ser así. Así como Dios estaba complacido con su obra, podemos estar complacidos con las nuestras. Sin embargo, no podemos estar complacidos con nuestra obra si Dios no lo está también, Dios no nos creó exactamente como Él, porque Dios no tiene cuerpo físico. En cambio, somos reflejo de la gloria de Dios. Algunos piensan que nuestro raciocinio, creatividad, poder de comunicación o autodeterminación es la imagen de Dios. Más bien, es todo nuestro ser el que refleja la imagen de Dios. Nunca llegaremos a ser totalmente iguales a Dios, porque Él es nuestro Creador supremo. Pero sí tenemos la capacidad de reflejar su carácter en nuestro amor, paciencia, perdón, bondad y fidelidad. El saber que fuimos creados a semejanza de Dios y por lo tanto poseemos muchas de sus características, nos proporciona una base sólida para nuestra autoestima. Nuestro valor no se basa en posesiones, logros, atractivo físico o reconocimiento público. En cambio se fundamenta en el hecho de haber sido creados a semejanza de Dios. Debido a que somos semejantes a Dios podemos tener sentimientos positivos acerca de nosotros mismos. El criticarnos o degradarnos equivale a criticar lo que Dios ha hecho.
LA LEY DEL PUEBLO DE ISRAEL Aunque en el Nuevo Testamento «Ley» tiene diversos significados, en el Antiguo Testamento se refiere simplemente a la Torá, compilación de las «instrucciones» o «sabiduría» dada por Dios, mediante los líderes y autoridades religiosas, para gobernar la vida en comunidad de Israel. La Torá bíblica es una unidad inseparable, legal, moral y cúltica, en contraposición a los antiguos códigos orientales que se limitaban a lo legal, y dejaban lo moral y religioso para otra literatura. El PACTO de Jehová con su pueblo se basa en la Ley. La obediencia, fe y amor que esta demanda confirman la fe del individuo redimido, su conducta y el culto, al mismo tiempo la Ley revela lo que desagrada a Dios, lo que debe evitarse para no interrumpir las relaciones dentro del pacto. Con el cumplimiento del juicio divino en el destierro, juicio pronosticado por los profetas debido a la violación de la Ley del pacto (Is 1.27ss), Israel aprendió a no idolatrar más. Y con la desaparición del reinado, el sacerdocio, los sacrificios y el culto en Jerusalén, la observación de la Ley tomó otras dimensiones: 1. Bajo Esdras, llegó a ser la base de la sociedad judaica, y determinaba los detalles más básicos de la vida religiosa, cultural y moral de cada judío. Se hacía tanto hincapié en las partes de la Ley que distinguían entre judíos y no judíos (por ejemplo, el sábado, la circuncisión, la reglamentación dietética, etc.), que llegó a prevalecer la idea de que el objeto principal de la Ley era la separación de los judíos de los demás pueblos. 2. Después de Esdras, surgió un nuevo grupo de líderes espirituales: los ESCRIBAS. El centro de la vida religiosa pasó del templo a la SINAGOGA. De esta manera la Ley perdió su función original de gobernar la vida comunitaria del pueblo redimido para transformarse en un aparente medio de vida, pues quien cumplía cabalmente la Ley vivía. Este concepto tergiversado de la Ley dio lugar a exageraciones en la interpretación y aplicación de sus detalles. Como resultado surgieron diferentes escuelas de interpretación rabínica que gozaban de mucha influencia aun en los días de Jesús. Jesucristo jamás admitió que la Ley pudiera dar vida ni establecer alguna relación salvadora entre Dios y el hombre por medio de su cumplimiento, como había formulado el judaísmo. Más bien, Jesús mismo y su palabra ocupan esa posición decisiva. Esto es la esencia del nuevo orden prometido desde Gn 3.15 (Mc 2.21ss; Lc 16.16). El hombre determina su relación con Dios, por su arrepentimiento y adoración, confesando a Jesús como Señor (Mt 10.28–42), y no por cumplir la Ley. Jesús no niega que toda infracción de la Ley es pecado que separa de Dios, pero insiste en la posibilidad de remediar la transgresión. Sin embargo, Jesús no abrogaba la Ley al negar que podría dar vida (Mt 5.17). Él mismo la observó (Lc 2.22ss, 27, 39) y reconoció la validez de su juicio; por eso llamó a los pecadores al arrepentimiento (Mc 1.15). Incluso cuando censuró el legalismo (Mt 23.23), Jesús insistió en que la Ley de Dios era la única norma para la vida (Lc 10.26–28); levantó la carga externa de «las obras de la Ley» e impuso su propio yugo de obediencia por amor sobre sus discípulos. Siguiendo la actitud de Cristo, la comunidad primitiva de la iglesia observó la Ley y vivió sustancialmente de acuerdo con ella. Eran los judaizantes los que fomentaban el legalismo: sostenían que los gentiles debían circuncidarse y observar la Ley para alcanzar la salvación e incorporarse a la comunidad de los. El conflicto sobre la Ley surgió cuando la comunidad aceptó incluir a los gentiles prosélitos y al mundo gentil. En Hch 15.29 y 21.25 se especifican los requisitos mínimos que la iglesia impuso a los gentiles cristianos para que pudiesen participar en el culto y compañerismo hebreo sin ofensa. Lo exigido por la Ley y «lo bueno» es lo mismo para Pablo, pero no es el ser hacedor de la Ley lo que distingue entre judíos y gentiles; con Ley o sin ella, todos somos pecadores (Ro 2.12). Por tanto, el juicio divino contra todos los transgresores es justo, enseña Pablo, y quienes se rebelan contra Dios son dignos de muerte ( Ro 1.28–32 y 3.23). Ninguno puede justificarse por la Ley pues tanto para los sin Ley como para los de la Ley solo en Jesucristo está la justificación y la unidad. La Ley afecta a la sociedad, y particularmente a la relación entre esta y Dios. Prohíbe y restringe el pecado, conservando cierta disciplina externa en la sociedad rebelde (Ro 7.7ss), y según Ro 5.13ss y Gl 3.19, revela que el pecado es rebelión contra Dios. La Ley condena y sentencia por el pecado cometido, sirve como ayo al pecador, lo descubre como transgresor y lo confina bajo el juicio de Dios (Ro 3.20; 7.1ss). La única esperanza del pecador, pues, es la fe en Cristo; al identificarse con la muerte del Salvador, satisface la pena de la Ley y recibe perdón y nueva vida. Por lo que respecta a los redimidos, aunque todavía están sujetos a la CARNE, la Ley los guía en una vida comunitaria que le agrada al Redentor (1 Co 14.21, 34); la Ley es maestra y guía que confirma lo conocido por revelación general (Ro 2.14b, 15). Para el cristiano la Ley es autoritativa y requiere que se obedezca a Cristo en fe y amor, conforme a la medida de fe que Dios le dé a cada uno (Ro 12.3). Para el creyente todo lo que no provenga de la fe es pecado (Ro 14.23; Stg 4.11, 17), y su obediencia es una respuesta de amor y sumisión a la voluntad de quien le ha. ENSEÑANZAS ETICAS DE LOS PROFETAS DEL ANTIGUO TESTAMENTO Muchos hombres fueron utilizados por Dios, para hacer saber a la humanidad que se debian someter a la ley de Dios. Lo fundamental del mensaje de Oseas es la relación de Dios con Israel. Oseas ve los mismos males morales y religiosos que su contemporáneo Amós, pero halla la raíz de los mismos en la infidelidad de Israel al pacto. La nación ha abandonado a su esposo y se ha entregado a los dioses cananeos (baales), confiando en ellos, o en su propio poder militar y en alianzas extranjeras (5.13; 7.11; 12.1). Como consecuencia, toda su vida privada y pública se ha corrompido (4.11). Israel no tiene conocimiento de Dios, ha quebrado la relación con Él y no discierne ni sigue su voluntad. En Oseas, más que en ningún otro profeta del Antiguo Testamento, se ve la relación que existe entre su mensaje, su persona, y las experiencias de vida personales y de su pueblo. El profeta está consciente de que está al servicio de la palabra de Jehová, que no es un mero anuncio sino la expresión de la voluntad del Dios soberano en acción. El profeta no tiene control sobre esta palabra sino que está a su servicio. Toda su vida, hasta sus gestos y acciones simbólicas, dependen de ella (Is 7 y 8; Os 1). «De Egipto llamé a mi hijo». La misericordiosa y divina elección de Israel para un propósito determinado, y las obligaciones que esa elección impone, están siempre presentes en los profetas. «Se alejaron de mí». La rebelión que denuncian los profetas no es solo de Israel, sino de todas las naciones. Dios tiene cuidado de todos los pueblos (Is 19.24; Am 9.7), pero Israel tiene un llamado y por tanto una responsabilidad y una culpa especial (Am 3.2). Su rebelión ha sido total muestra de infidelidad, y se manifiesta en la corrupción religiosa, en la injusticia social y sobre todo en el vano orgullo y jactancia que conduce a la ruina. «Regresarán a Egipto». Dios ejecutará su juicio, es decir, corregirá el mal castigando al culpable, vindicando al justo y estableciendo justicia. Los profetas de los siglos VIII—VI a.C. ven como juicio divino la catástrofe nacional que se. No es un acto arbitrario de Jehová, pero Israel es conducido de nuevo al cautiverio (de allí la idea del regreso a Egipto) para restaurar la justa relación con Dios. Para el profeta, aun el juicio inexorable es expresión de la compasión divina (Am 4.6–11). La misericordia (compasión, piedad) es, más que una calidad del pacto, la naturaleza misma de Dios. «Haré regresar sus cautivos». El juicio es instrumental y disciplinario. Más allá de su ejecución, Dios se propone mantener un REMANENTE fiel que retoñará para cumplir el propósito divino (Is 7.1ss; Ez 27; Am 9.8bss). La segunda parte de Isaías lo anuncia como una segunda creación, un segundo éxodo (51.9–11). Jeremías discierne un nuevo pacto (Jer 31.31–34). «Luz para los gentiles». La restauración no puede limitarse a la historia de Israel. Los profetas miran más allá a una consumación, un Día del Señor que abarcará en juicio y gracia a todos los pueblos (Zac 14.5–9). En esta expectación se inserta el anuncio del «Siervo del Señor», quien inaugurará un nuevo día para las naciones (Is 49.5, 6; 53.4, 5). Esta es la fe final y el mensaje de los profetas. TERCERA PARTE: LA ETICA DEL EVANGELIO Gozosa proclamación de la actividad redentora de Dios en Cristo Jesús para salvar al hombre de la esclavitud del pecado. En el Nuevo Testamento (griego) no solo se expresa en forma de sustantivo, sino también en forma verbal (proclamar o anunciar el evangelio). En la LXX solo aparece el verbo y su sentido es secular: «traer buenas noticias». Más tarde su significado incluyó el sentido religioso de proclamar la victoria de Dios sobre sus enemigos, y el reino eterno de Dios. Las buenas nuevas anuncian al pueblo la presencia de Dios ( Is 40.9) para juicio y restauración. Son tanto para judíos como para gentiles. Los mensajeros del evangelio son personas y Dios actúa en la proclamación. Juan el Bautista comienza su ministerio proclamando las buenas nuevas y, más tarde, Jesús predica el evangelio (Mc 1.14; sustantivo). En ambos, el evangelio es la señal por excelencia de la llegada del Mesías. El Reino de Dios se hace presente en la tierra y Cristo predica y anuncia el evangelio (Lc 8.1). La iglesia primitiva hizo de la predicación del evangelio a toda persona su deber principal. En el Antiguo Testamento, junto con la proclamación del evangelio deben darse la justicia o justificación (Sal 40.9), la salvación y la paz (Is 52.7). En el Nuevo Testamento Cristo Jesús es el evangelio mismo, y su obra hace real la salvación, la justificación y la paz para el mundo . El contenido del evangelio permanece inalterable y absoluto, pero se sella con la muerte propiciatoria de Cristo. Es el mensaje de reconciliación con Dios y nosotros somos colaboradores en su proclamación. En el juicio final, los hombres se juzgarán según su respuesta al evangelio.
ETICA PAULINA Pablo hace hincapié en la soberanía divina, y para ello emplea una variedad de vocablos tales como «predestinar», «escoger», «llamar», «propósito», «voluntad», «beneplácito». Esta doctrina no se basa pues, tan solo en una palabra, un concepto o un versículo. En tres pasajes extensos lo expone. Romanos 8.28s enseña que la posición y el futuro del creyente están asegurados porque este es objeto del propósito eterno de Dios. Romanos 9–11 demuestra que el futuro de ISRAEL no depende de su mérito ni de la generación natural, sino del ejercicio de la misericordia soberana. Aparte de este principio, ninguno recibirá bendición ni salvación. Efesios 1.1–11 revela que la elección data desde antes de la fundación del mundo, está basada en el propósito y el beneplácito de Dios y tiene como fin la gloria de Él. Dios hace sus propósitos en conformidad con sus atributos y, por tanto, su plan le glorificará más que ningún otro plan. Hombre y pecado Romanos comienza por comprobar la necesidad de la vida de Dios que tiene el hombre, sea gentil que no tiene excusa porque ha sabido de Dios mediante la creación (1.18–23) y la conciencia, que ha sido instruido en la LEY de Dios (2.17–20) sin conformarse a sus normas. Cuando Adán pecó, toda la humanidad se rebeló contra Dios y esta condición universal provocó que el hombre esté «muerto» en sus «delitos y PECADOS», «siguiendo la corriente de este mundo, conforme al príncipe de la potestad del aire» y «haciendo la voluntad de la CARNE y de los pensamientos» (Ef 2.1ss). La condenación de Dios incluye la entrega del hombre a la inmundicia, a las pasiones vergonzosas y a una mente reprobada para que se manifieste su rebelión y su culpabilidad. Justificación Como la rebelión es absoluta y universal, y la pérdida es humanamente irreparable, la solución tiene que ser divina e infinita. El evangelio que Pablo anuncia y que revela la JUSTICIA divina es «poder de Dios para salvación a todo aquel que cree», y su fundamento es la muerte y la resurrección de Jesucristo (Ro 1.3s), cuyo sacrificio es una sustitución y nos imputa justicia. La muerte de Cristo, entonces, es el precio de la redención que satisface y manifiesta la justicia de Dios (Ro 3.24ss). La JUSTIFICACIÓN es un término legal que significa emitir un veredicto favorable, vindicar, declarar justo. Se hace posible, no porque el hombre sea justo, sino porque se le atribuye la justicia de Cristo. Pablo no se cansa de oponer la justicia propia del hombre a la justicia divina que hemos de poseer para ser aceptos a Dios. Por eso, solo mediante un acto de fe puede el hombre apropiarse de la obra de salvación que Dios inició y consumará. Identificación y santificación La vital unión del creyente con Jesucristo es un concepto central para Pablo, como vemos en la repetición de la frase «en Cristo» y otras frases equivalentes como «en Él». Aunque esta unión se relaciona con la justificación, Pablo insiste en que es el motivo y la clave de una transformación creciente y completa en la vida del creyente. La unión se efectúa por el BAUTISMO del Espíritu Santo, mediante el cual cada creyente es unido con Cristo. Entonces somos identificados con Cristo en su muerte, su resurrección y su exaltación. Morimos con respecto al pecado, al mundo y a la Ley (Ro 7.4). Resucitamos a una nueva vida, aun antes de participar físicamente de la RESURRECCIÓN, y a una posición de privilegio y bendición . La unión es tan real que «ya no vivo yo, mas vive Cristo en mí; y lo que ahora vivo en la carne, lo vivo en la fe del Hijo de Dios» . El ser identificado con Cristo no permite seguir las mismas corrientes de antes; hemos de despojarnos del «viejo hombre» y vestirnos del «nuevo» . El habernos identificado con Cristo y por tanto el haber muerto al pecado nos libera del dominio que antes ejercía el pecado sobre nuestra vida. La puerta al dominio divino está abierta. Aun así, cabe recomendar a los creyentes ciertas normas específicas de la ética tocante a la mentira, el enojo, la honestidad, el lenguaje y la pureza. El marido y la esposa, el hijo y los padres, el siervo y su amo reciben instrucción clara, y Flp añade a la lista de virtudes la humildad, el gozo, la oración y el contentamiento. Según Romanos, la ética abarca también la sumisión al gobierno y el repudio de la venganza. Evidentemente hay fuerzas que militan contra el cumplimiento de estas exhortaciones. Pablo habla de dos clases de creyentes, el «carnal» y el «espiritual» (1 Co 2.15–3.4). Describe en detalle las obras de «la CARNE», la cual es la naturaleza pecaminosa del hombre, y contrasta con ellas el fruto del ESPÍRITU (vv. 22s). El cumplir con la ética cristiana no es un logro humano; tanto la salvación como la realización de la norma divina vienen por gracia y fe. La santidad no viene de solo luchar por obedecer una ley externa, sino de llevar el fruto de la justicia que brota de dentro del ser. El Espíritu Santo no solo nos une con Cristo, sino también mora en nuestra vida para ordenarla. La parte humana consiste en someterse a su gobierno y andar en Él (Gl 5.16; Ef 5.18). Iglesia El mismo bautismo por el Espíritu Santo que nos identifica con Cristo también nos une con todos los creyentes en un solo cuerpo espiritual (1 Co 12.13). Pablo ilustra esta unión con varias figuras: el cuerpo del cual Cristo es la cabeza (Ef 1.22s; Col 2.19), el templo en el cual Cristo es la principal piedra angular (Ef 2.20ss), la esposa y Cristo, el esposo (Ef 5.22–33). Cada miembro del cuerpo tiene su ministerio o don espiritual para la edificación del cuerpo (Ro 12.3–8; 1 Co 12.4–31; Ef 4.11ss). Esta diversidad de funciones dentro de la unidad corporal y bajo la dirección de la cabeza produce crecimiento, madurez, conformidad a la imagen de Cristo y gloria para Dios (Ef 4.12–16). Pablo fue comisionado para anunciar el misterio de la iglesia, que une al judío y al gentil en un solo cuerpo, de modo que aun los ángeles aprenden la sabiduría de Dios. Esperanza Como el Espíritu Santo participa eficazmente en la regeneración, la santificación y la formación de la Iglesia, también su presencia es la promesa y garantía de la futura herencia del creyente. Su presencia constituye «las primicias», o sea, la muestra actual de la gloria y bendición futuras en la presencia de Dios. Su presencia es el «sello» que autentica y conserva al redimido. Es «las arras» o pago inicial que promete la finalización de la obra redentora. La extensa discusión de esta doctrina en 1 Co 15 fundamenta la esperanza de nuestra resurrección en la resurrección corporal e histórica de Jesucristo. Al hablar de las cosas finales, Pablo hace hincapié en que durante los últimos días la cristiandad se apartará de la verdad y negará aun estas doctrinas que él ha anunciado a la iglesia. Pero aun así, los que efectivamente hayan sido redimidos por Cristo tendrán una confianza inquebrantable ante su juez.
2 comentarios:
Lacueva nos señala que el hombre busca el placer egoísta y nos muestra algunos sistemas éticos utilitaristas que desde hace tiempo han existido; uno de ellos es el epicureísmo que proclamaba el buscar entre los diversos placeres el mayor que los llevara a un placer duradero, permanente y puro.
Por otro lado el utilitarismo proclama que se debe buscar la mayor felicidad del mayor número posible de personas, no importando su motivación de los hechos sino que los resultados sean buenos.
También encontramos los sistemas éticos idealistas entre los cuales se encuentran; el intuicionismo es lo contrario al hedonismo porque los estoicos consideraban que lo más importante de la conducta es el motivo y el bien supremo consiste en el esfuerzo por alcanzar la virtud.
Por otro lado Kant formuló los siguientes principios básicos:
a) Las reglas de la conducta deben ser universales, donde la inmoralidad consiste en buscar excepciones a nuestro favor.
b) Los hombres son fines no medios.
Sistemas éticos dialécticos
Spencer sostenía que es bueno todo aquello que tiende a la superviviencia, entonces la vida viene a ser, el sumo bien y la adaptación a las circunstancias, lo que proporciona placer y bien no sólo para el individuo sino también para la sociedad.
La ética de Hegel nos dice que el hombre debe realizar su conciencia de sí mismo. A diferencia de otros pueblos, el pueblo judío no separa la ética de la teología, ya que Dios les reveló su voluntad a través del Antiguo Testamento podemos ver las normas de conducta que el pueblo de Dios debe mostrar a en las diferentes áreas de su vida. La Torah les guiaba para no pecar contra Dios y si lo habían hecho eran confrontados por la santidad de Dios mostrada en ella.
Jesús además de cumplir con la Ley y vino a enseñarnos la comunión con su Padre y la obediencia delante de Él, poniendo la mira en las cosas de arriba ya que las cosas de este mundo son efímeras y de nada valen, lo valioso son los tesoros en el cielo por que son eternos y espirituales.
Sabemos que Jesús enseñaba en un lenguaje sencillo y con símbolos, para que la gente pudiera entender con mayor facilidad los diferentes temas de los que Jesús les hablaba como el amor al prójimo, el no juzgar a otros, la hipocresía, la limosna etc.
Pablo al igual que Jesús integró la ética con la Teología y la aplica en la vida cotidiana, en lo problemas inmorales de la sociedad, quizá Pablo habla con más detalle que Cristo sobre el reino de Dios, la salvación, la fe que son las principales bases Teológicas de Pablo.
Es importante recordar que la vida cristiana es un éxodo espiritual, pues sabemos que Dios nos hizo a su imagen y semejanza y por lo tanto con un corazón recto como el de Él, pero al perder la comunión con Dios al desobedecerlo se distorsionó la imagen de Dios en el hombre y fue un ser independiente y autónomo, no quiso depender más de Dios. Dios sabía que el hombre necesitaba una solución a su problema de pecado y fue hecha la promesa de que enviaría a un redentor para salvar al hombre de la condenación eterna y así llegó a ser el cordero pascual que la humanidad necesitaba para volver a tener la identidad de Dios y la plena comunión con Él. En ese momento el Espíritu Santo viene a la vida del cristiano y lo transforma en una nueva criatura que se va a ir perfeccionando y purificando disponiendo su corazón a ser moldeado y guiado por el Espíritu Santo que mora en él para participar de la moral divina de Dios.
Lacueva menciona los elementos de la acción ética que es el obrar del hombre conciente y responsable el primero es el análisis del acto moral el único que puede juzgar imparcialmente y certeza es Dios por que Él es omnisciente ya que el hombre es egoísta a causa del pecado y no tienen una visión clara sobre el bien y el mal pues su naturaleza lo hace inclinarse hacia el mal. Sabemos que no hay pecados grandes o pequeños, pero si hay males menores movidos por motivos determinantes e influyentes, los cristianos conforme vamos conociendo a Dios vamos discerniendo su voluntad y vamos conformando nuestra vida a ella. Cuando Cristo viene a la vida del hombre lo transforma completamente y la guía del Espíritu Santo sobre su vida lo lleva a perfeccionar su vida delante de Dios y de sus familias ya que para él ya no hay normas sin que es un estilo de vida nueva que lleva por amor a Dios y con el fin de agradar a aquel que dio su vida en la cruz por Él. Creyendo que él es la sal de esta tierra y al cumplir sus deberes tanto con él como con la sociedad que lo rodea. La Biblia es por excelencia la guía de todo cristiano por que ahí Dios manifiesta su voluntad en las diferentes áreas del ser humano como familiares, matrimonio, sexualidad, sociedad, alimentación, la iglesia, su relación con las autoridades etc, etc. La ética absoluta de Dios es clara y nos se puede acomodar según la cultura, tiempo o a conveniencia por que entonces se estará desobedeciendo a Dios y dando lugar al pecado.
Materia: Ética Bíblica
Maestro: Rafael Pola Baca
Alumno: Melitón Mejía Zavala
ÉTICA CRISTIANA
(Francisco Lacueva)
PRIMERA PARTE: LOS SISTEMAS ETICOS
NOCIÓN GENERAL DE LA ÉTICA
Cuando surge la desobediencia de nuestros primeros padres, entonces nace la ética como forma de regir el buen vivir del ser humano conforme al propósito de Dios.
El estudio y la practica de la ética es importante porque investiga y norma la conducta humana, busca los principios basicos según los cuales cada individuo procura determinar cómo debe actuar en cualquier situación que se le presente en la vida. El hombre no es un ser autonomo, puesto que es un ser creado y por tanto es limitado y relativo, nada hay absoluto en el hombre, depende existencialmente del creador que le ha señalado la meta y el camino. De Dios le ha de venir.
La ética, como una rama de la filosofía, está considerada como una ciencia normativa, porque se ocupa de las normas de la conducta humana.
El hombre despúes de la caída original esta inclinado al mal y es incapaz de cumplir el mandato de Dios y se revela constantemente a vivir bajo un orden divino ético. Porque sustituyen la verdad acerca de Él con fantasías e imaginaciones. Ahogan la verdad de Dios naturalmente revelada a todas las personas, a fin de creer cualquier cosa que sustente su estilo de vida egocéntrico. Dios no puede tolerar el pecado porque su naturaleza es moralmente perfecta. No puede pasar por alto ni condonar una rebelión tan deliberada. Dios quiere quitar el pecado y restaurar al pecador, y puede hacerlo en la medida que el pecador no distorsione ni rechace la verdad con obstinación. Pero su ira se revela contra los que persisten en pecar. Dios ha revelado su existencia a través de la naturaleza. Cada persona, por lo tanto, debe aceptar o rechazar a Dios. Si la gente suprime la verdad de Dios a fin de vivir a su manera, no tiene excusa. Conoce la verdad y tiene que sufrir las consecuencias de pasarla por alto.
El amor de Dios no es estático ni egoísta, sino que se extiende y atrae a otros a sí. Dios establece aquí el verdadero molde del amor, la base de toda relación de amor. Si uno ama a alguien profundamente, está dispuesto a darle amor a cualquier precio. Dios pagó, con la vida de su Hijo, el más alto precio que se puede pagar. Jesús aceptó nuestro castigo, pagó el precio de nuestros pecados, y luego nos ofreció una nueva vida que nos compró con su muerte. Muchas personas rechazan la idea de vivir para siempre porque viven vidas tristes. Pero la vida eterna no es la extensión de la miserable vida mortal del hombre; vida eterna es la vida de Dios encarnada en Cristo que se da a todos los que creen como garantía de que vivirán para siempre. En esa vida no hay muerte, enfermedad, enemigo, demonios ni pecado. Cuando no conocemos a Cristo, tomamos decisiones pensando que esta vida es todo lo que tenemos. En realidad, esta vida es solo el comienzo de la eternidad. Empiece, por lo tanto, a evaluar todo lo que le sucede desde una perspectiva eterna.
Muchas veces la gente trata de salvarse de lo que teme poniendo su fe en cosas que tienen o hacen: buenas obras, capacidad o inteligencia, dinero o posesiones. Pero solo Dios puede salvarnos de lo que en verdad debemos temer: la condenación eterna. Confiamos en Dios reconociendo la insuficiencia de nuestros esfuerzos por alcanzar la salvación y pidiéndole que haga su obra en nuestro favor. Muchas personas no quieren que sus vidas queden expuestas a la luz de Dios porque temen lo que esta pueda revelar.
SISTEMAS ETICOS UTILITARISTAS
Estos sistemas llevan al hombre a reaccionar de una forma egoista en donde el placer ocupa le parte primordia del diario vivir, buscando que estos placeres vayan a espacios más constantes y de mayor intensidad. El epicureísmo es el representante de estas vivencias. Estas actitudes no van a caminar libremente y van a ser juzgadas, porque no solo lo que satisface mis deseos personales es del todo bueno, se reconoce que el sentido moral, está tanto más desarrollado cuanto más dispuesto se está a sacrificar los placeres propios a las necesidades ajenas y al bien común, incluido el del propio individuo. Toda persona con sentido ético considera que es malo procurar el placer propio a expensas del prójimo.
El utilitarismo defiende que el hombre debe buscar la mayor felicidad del mayor número de personas.
SISTEMAS ETICOS IDEALISTAS
Los instuicionistas establecen que lo importante de la conducta es el motivo, el cual ha de ser el deber. Esta doctrina esta representada por los estoicos, para quienes el bien supremo consiste en alcanzar la virtu, la cual radica totalmente en la intención, según ellos solo así se alcanza la verdadera armonia, con la naturaleza, el sabio no debe rendirse a la pasión, sino abstenaerse y permanecer impasible, admiten que es imposible definir lo bueno.
Aunque el sentido de la obligación es muy importante, el motivo es un elemento esencial, de la conducta y las consecuencias también son importantes. Según Kant, no importa con cuánta inteligencia actúe el individuo, los resultados de las acciones humanas están sujetos a accidentes y circunstancias; por lo tanto, la moralidad de un acto no tiene que ser juzgada por sus consecuencias sino sólo por su motivación ética. Sólo en la intención radica lo bueno, ya que es la que hace que una persona obre, no a partir de la inclinación, sino desde la obligación, que está basada en un principio general que es el bien en sí mismo. Como principio moral último, Kant volvió a plantear el término medio en una forma lógica: “Obra como si la máxima de tu acción pudiera ser erigida, por tu voluntad, en ley universal de la naturaleza”. Esta regla es denominada imperativo categórico, porque es general y a la vez encierra un mandato. Kant insistió en que uno ha de tratar a los demás como si fueran “en cada caso un fin, y nunca sólo un medio”.
el filósofo alemán Georg Wilhelm Friedrich Hegel aceptó el imperativo categórico de Kant, pero lo enmarcó en una teoría universal evolutiva donde toda la historia está contemplada como una serie de etapas encaminadas a la manifestación de una realidad fundamental que es tanto espiritual como racional. La moral, según Hegel, no es el resultado de un contrato social, sino un crecimiento natural que surge en la familia y culmina, en un plano histórico y político, en el Estado prusiano de su tiempo. “La historia del mundo, escribió, es disciplinar la voluntad natural incontrolada, llevarla a la obediencia de un principio universal y facilitar una libertad subjetiva”.
El filósofo y teólogo danés Sören Kierkegaard reaccionó con fuerza en contra del modelo de Hegel. En O lo Uno o lo Otro (1843), Kierkegaard manifestó su mayor preocupación ética, el problema de la elección. Creía que modelos filosóficos como el de Hegel ocultan este problema crucial al presentarlo como un asunto objetivo con una solución universal, en vez de un asunto subjetivo al que cada persona tiene que enfrentarse de manera individual. La propia elección de Kierkegaard fue vivir sometido a la ética cristiana. Su énfasis en la necesidad de la elección tuvo influencia en algunos filósofos relacionados con el movimiento conocido como existencialismo, tanto como con algunos filósofos críticos, cristianos y judíos.
Según Platón, el bien es un elemento esencial de la realidad. El mal no existe en sí mismo, sino como reflejo imperfecto de lo real, que es el bien. En sus Diálogos (primera mitad del siglo IV a.C.) mantiene que la virtud humana descansa en la aptitud de una persona para llevar a cabo su propia función en el mundo. El alma humana está compuesta por tres elementos —el intelecto, la voluntad y la emoción— cada uno de los cuales posee una virtud específica en la persona buena y juega un papel específico. La virtud del intelecto es la sabiduría, o el conocimiento de los fines de la vida; la de la voluntad es el valor, la capacidad de actuar, y la de las emociones es la templanza, o el autocontrol.
La virtud última, la justicia, es la relación armoniosa entre todas las demás, cuando cada parte del alma cumple su tarea apropiada y guarda el lugar que le corresponde. Platón mantenía que el intelecto ha de ser el soberano, la voluntad figuraría en segundo lugar y las emociones en el tercer estrato, sujetas al intelecto y a la voluntad. La persona justa, cuya vida está guiada por este orden, es por lo tanto una persona buena. Aristóteles, discípulo de Platón, consideraba la felicidad como la meta de la vida. En su principal obra sobre esta materia, Ética a Nicómaco (finales del siglo IV a.C.), definió la felicidad como una actividad que concuerda con la naturaleza específica de la humanidad; el placer acompaña a esta actividad pero no es su fin primordial. La felicidad resulta del único atributo humano de la razón, y funciona en armonía con las facultades humanas. Aristóteles mantenía que las virtudes son en esencia un conjunto de buenos hábitos y que para alcanzar la felicidad una persona ha de desarrollar dos tipos de hábitos: los de la actividad mental, como el del conocimiento, que conduce a la más alta actividad humana, la contemplación, y aquéllos de la emoción práctica y la emoción, como el valor. Las virtudes morales son hábitos de acción que se ajustan al término medio, el principio de moderación, y han de ser flexibles debido a las diferencias entre la gente y a otros factores condicionantes. Por ejemplo, lo que uno puede comer depende del tamaño, la edad y la ocupación. En general, Aristóteles define el término medio como el estado virtuoso entre los dos extremos de exceso e insuficiencia; así, la generosidad, una virtud, es el punto medio entre el despilfarro y la tacañería. Para Aristóteles, las virtudes intelectuales y morales son sólo medios destinados a la consecución de la felicidad, que es el resultado de la plena realización del potencial humano.
´ÉTICA TEOCRATICA O TEOLOGICA
Los modelos éticos de la edad clásica fueron aplicados a las clases dominantes, en especial en Grecia. Las mismas normas no se extendieron a los no griegos, que eran llamados barbaroi (bárbaros), un término que adquirió connotaciones peyorativas funda sus normas en el mismo carácter de Dios. En cuanto a los esclavos, la actitud hacia los mismos puede resumirse en la calificación de ‘herramientas vivas’ que le aplicó Aristóteles. En parte debido a estas razones, y una vez que decayeron las religiones paganas, las filosofías contemporáneas no consiguieron ningún refrendo popular y gran parte del atractivo del cristianismo se explica por la extensión de la ciudadanía moral a todos, incluso a los esclavos.
El advenimiento del cristianismo marcó una revolución en la ética, al introducir una concepción religiosa de lo bueno en el pensamiento occidental. Según la idea cristiana una persona es dependiente por entero de Dios y no puede alcanzar la bondad por medio de la voluntad o de la inteligencia, sino tan sólo con la ayuda de la gracia de Dios. La primera idea ética cristiana descansa en la regla de oro: “Lo que quieras que los hombres te hagan a ti, házselo a ellos” (Mt. 7,12); en el mandato de amar al prójimo como a uno mismo (Lev. 19,18) e incluso a los enemigos (Mt. 5,44), y en las palabras de Jesús: “Dad al César lo que es del César y a Dios lo que es de Dios” (Mt. 22,21). Jesús creía que el principal significado de la ley judía descansa en el mandamiento “amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón y con toda tu alma y con toda tu fuerza y con toda tu mente, y a tu prójimo como a ti mismo” (Lc. 10,27).
El cristianismo primigenio realzó como virtudes el ascetismo, el martirio, la fe, la misericordia, el perdón, el amor no erótico, que los filósofos clásicos de Grecia y Roma apenas habían considerado importantes.
SEGUNDA PARTE: ÉTICA DE LA LEY
El principio de una nueva vida es el reconocimiento del pecado en el hombre,
la gente se siente culpable por pasar un rato agradable o por sentirse bien por un logro. Esto no debe ser así. Así como Dios estaba complacido con su obra, podemos estar complacidos con las nuestras. Sin embargo, no podemos estar complacidos con nuestra obra si Dios no lo está también, Dios no nos creó exactamente como Él, porque Dios no tiene cuerpo físico. En cambio, somos reflejo de la gloria de Dios. Algunos piensan que nuestro raciocinio, creatividad, poder de comunicación o autodeterminación es la imagen de Dios. Más bien, es todo nuestro ser el que refleja la imagen de Dios. Nunca llegaremos a ser totalmente iguales a Dios, porque Él es nuestro Creador supremo. Pero sí tenemos la capacidad de reflejar su carácter en nuestro amor, paciencia, perdón, bondad y fidelidad.
El saber que fuimos creados a semejanza de Dios y por lo tanto poseemos muchas de sus características, nos proporciona una base sólida para nuestra autoestima. Nuestro valor no se basa en posesiones, logros, atractivo físico o reconocimiento público. En cambio se fundamenta en el hecho de haber sido creados a semejanza de Dios. Debido a que somos semejantes a Dios podemos tener sentimientos positivos acerca de nosotros mismos. El criticarnos o degradarnos equivale a criticar lo que Dios ha hecho.
LA LEY DEL PUEBLO DE ISRAEL
Aunque en el Nuevo Testamento «Ley» tiene diversos significados, en el Antiguo Testamento se refiere simplemente a la Torá, compilación de las «instrucciones» o «sabiduría» dada por Dios, mediante los líderes y autoridades religiosas, para gobernar la vida en comunidad de Israel. La Torá bíblica es una unidad inseparable, legal, moral y cúltica, en contraposición a los antiguos códigos orientales que se limitaban a lo legal, y dejaban lo moral y religioso para otra literatura.
El PACTO de Jehová con su pueblo se basa en la Ley. La obediencia, fe y amor que esta demanda confirman la fe del individuo redimido, su conducta y el culto, al mismo tiempo la Ley revela lo que desagrada a Dios, lo que debe evitarse para no interrumpir las relaciones dentro del pacto.
Con el cumplimiento del juicio divino en el destierro, juicio pronosticado por los profetas debido a la violación de la Ley del pacto (Is 1.27ss), Israel aprendió a no idolatrar más. Y con la desaparición del reinado, el sacerdocio, los sacrificios y el culto en Jerusalén, la observación de la Ley tomó otras dimensiones:
1. Bajo Esdras, llegó a ser la base de la sociedad judaica, y determinaba los detalles más básicos de la vida religiosa, cultural y moral de cada judío. Se hacía tanto hincapié en las partes de la Ley que distinguían entre judíos y no judíos (por ejemplo, el sábado, la circuncisión, la reglamentación dietética, etc.), que llegó a prevalecer la idea de que el objeto principal de la Ley era la separación de los judíos de los demás pueblos.
2. Después de Esdras, surgió un nuevo grupo de líderes espirituales: los ESCRIBAS. El centro de la vida religiosa pasó del templo a la SINAGOGA. De esta manera la Ley perdió su función original de gobernar la vida comunitaria del pueblo redimido para transformarse en un aparente medio de vida, pues quien cumplía cabalmente la Ley vivía. Este concepto tergiversado de la Ley dio lugar a exageraciones en la interpretación y aplicación de sus detalles. Como resultado surgieron diferentes escuelas de interpretación rabínica que gozaban de mucha influencia aun en los días de Jesús.
Jesucristo jamás admitió que la Ley pudiera dar vida ni establecer alguna relación salvadora entre Dios y el hombre por medio de su cumplimiento, como había formulado el judaísmo. Más bien, Jesús mismo y su palabra ocupan esa posición decisiva. Esto es la esencia del nuevo orden prometido desde Gn 3.15 (Mc 2.21ss; Lc 16.16). El hombre determina su relación con Dios, por su arrepentimiento y adoración, confesando a Jesús como Señor (Mt 10.28–42), y no por cumplir la Ley.
Jesús no niega que toda infracción de la Ley es pecado que separa de Dios, pero insiste en la posibilidad de remediar la transgresión.
Sin embargo, Jesús no abrogaba la Ley al negar que podría dar vida (Mt 5.17). Él mismo la observó (Lc 2.22ss, 27, 39) y reconoció la validez de su juicio; por eso llamó a los pecadores al arrepentimiento (Mc 1.15). Incluso cuando censuró el legalismo (Mt 23.23), Jesús insistió en que la Ley de Dios era la única norma para la vida (Lc 10.26–28); levantó la carga externa de «las obras de la Ley» e impuso su propio yugo de obediencia por amor sobre sus discípulos. Siguiendo la actitud de Cristo, la comunidad primitiva de la iglesia observó la Ley y vivió sustancialmente de acuerdo con ella. Eran los judaizantes los que fomentaban el legalismo: sostenían que los gentiles debían circuncidarse y observar la Ley para alcanzar la salvación e incorporarse a la comunidad de los. El conflicto sobre la Ley surgió cuando la comunidad aceptó incluir a los gentiles prosélitos y al mundo gentil. En Hch 15.29 y 21.25 se especifican los requisitos mínimos que la iglesia impuso a los gentiles cristianos para que pudiesen participar en el culto y compañerismo hebreo sin ofensa.
Lo exigido por la Ley y «lo bueno» es lo mismo para Pablo, pero no es el ser hacedor de la Ley lo que distingue entre judíos y gentiles; con Ley o sin ella, todos somos pecadores (Ro 2.12). Por tanto, el juicio divino contra todos los transgresores es justo, enseña Pablo, y quienes se rebelan contra Dios son dignos de muerte ( Ro 1.28–32 y 3.23). Ninguno puede justificarse por la Ley pues tanto para los sin Ley como para los de la Ley solo en Jesucristo está la justificación y la unidad.
La Ley afecta a la sociedad, y particularmente a la relación entre esta y Dios. Prohíbe y restringe el pecado, conservando cierta disciplina externa en la sociedad rebelde (Ro 7.7ss), y según Ro 5.13ss y Gl 3.19, revela que el pecado es rebelión contra Dios.
La Ley condena y sentencia por el pecado cometido, sirve como ayo al pecador, lo descubre como transgresor y lo confina bajo el juicio de Dios (Ro 3.20; 7.1ss). La única esperanza del pecador, pues, es la fe en Cristo; al identificarse con la muerte del Salvador, satisface la pena de la Ley y recibe perdón y nueva vida.
Por lo que respecta a los redimidos, aunque todavía están sujetos a la CARNE, la Ley los guía en una vida comunitaria que le agrada al Redentor (1 Co 14.21, 34); la Ley es maestra y guía que confirma lo conocido por revelación general (Ro 2.14b, 15). Para el cristiano la Ley es autoritativa y requiere que se obedezca a Cristo en fe y amor, conforme a la medida de fe que Dios le dé a cada uno (Ro 12.3). Para el creyente todo lo que no provenga de la fe es pecado (Ro 14.23; Stg 4.11, 17), y su obediencia es una respuesta de amor y sumisión a la voluntad de quien le ha.
ENSEÑANZAS ETICAS DE LOS PROFETAS DEL ANTIGUO TESTAMENTO
Muchos hombres fueron utilizados por Dios, para hacer saber a la humanidad que se debian someter a la ley de Dios. Lo fundamental del mensaje de Oseas es la relación de Dios con Israel. Oseas ve los mismos males morales y religiosos que su contemporáneo Amós, pero halla la raíz de los mismos en la infidelidad de Israel al pacto. La nación ha abandonado a su esposo y se ha entregado a los dioses cananeos (baales), confiando en ellos, o en su propio poder militar y en alianzas extranjeras (5.13; 7.11; 12.1). Como consecuencia, toda su vida privada y pública se ha corrompido (4.11). Israel no tiene conocimiento de Dios, ha quebrado la relación con Él y no discierne ni sigue su voluntad. En Oseas, más que en ningún otro profeta del Antiguo Testamento, se ve la relación que existe entre su mensaje, su persona, y las experiencias de vida personales y de su pueblo.
El profeta está consciente de que está al servicio de la palabra de Jehová, que no es un mero anuncio sino la expresión de la voluntad del Dios soberano en acción. El profeta no tiene control sobre esta palabra sino que está a su servicio. Toda su vida, hasta sus gestos y acciones simbólicas, dependen de ella (Is 7 y 8; Os 1). «De Egipto llamé a mi hijo». La misericordiosa y divina elección de Israel para un propósito determinado, y las obligaciones que esa elección impone, están siempre presentes en los profetas.
«Se alejaron de mí». La rebelión que denuncian los profetas no es solo de Israel, sino de todas las naciones. Dios tiene cuidado de todos los pueblos (Is 19.24; Am 9.7), pero Israel tiene un llamado y por tanto una responsabilidad y una culpa especial (Am 3.2). Su rebelión ha sido total muestra de infidelidad, y se manifiesta en la corrupción religiosa, en la injusticia social y sobre todo en el vano orgullo y jactancia que conduce a la ruina.
«Regresarán a Egipto». Dios ejecutará su juicio, es decir, corregirá el mal castigando al culpable, vindicando al justo y estableciendo justicia. Los profetas de los siglos VIII—VI a.C. ven como juicio divino la catástrofe nacional que se. No es un acto arbitrario de Jehová, pero Israel es conducido de nuevo al cautiverio (de allí la idea del regreso a Egipto) para restaurar la justa relación con Dios.
Para el profeta, aun el juicio inexorable es expresión de la compasión divina (Am 4.6–11). La misericordia (compasión, piedad) es, más que una calidad del pacto, la naturaleza misma de Dios.
«Haré regresar sus cautivos». El juicio es instrumental y disciplinario. Más allá de su ejecución, Dios se propone mantener un REMANENTE fiel que retoñará para cumplir el propósito divino (Is 7.1ss; Ez 27; Am 9.8bss). La segunda parte de Isaías lo anuncia como una segunda creación, un segundo éxodo (51.9–11). Jeremías discierne un nuevo pacto (Jer 31.31–34).
«Luz para los gentiles». La restauración no puede limitarse a la historia de Israel. Los profetas miran más allá a una consumación, un Día del Señor que abarcará en juicio y gracia a todos los pueblos (Zac 14.5–9). En esta expectación se inserta el anuncio del «Siervo del Señor», quien inaugurará un nuevo día para las naciones (Is 49.5, 6; 53.4, 5). Esta es la fe final y el mensaje de los profetas.
TERCERA PARTE: LA ETICA DEL EVANGELIO
Gozosa proclamación de la actividad redentora de Dios en Cristo Jesús para salvar al hombre de la esclavitud del pecado. En el Nuevo Testamento (griego) no solo se expresa en forma de sustantivo, sino también en forma verbal (proclamar o anunciar el evangelio).
En la LXX solo aparece el verbo y su sentido es secular: «traer buenas noticias». Más tarde su significado incluyó el sentido religioso de proclamar la victoria de Dios sobre sus enemigos, y el reino eterno de Dios. Las buenas nuevas anuncian al pueblo la presencia de Dios ( Is 40.9) para juicio y restauración. Son tanto para judíos como para gentiles. Los mensajeros del evangelio son personas y Dios actúa en la proclamación.
Juan el Bautista comienza su ministerio proclamando las buenas nuevas y, más tarde, Jesús predica el evangelio (Mc 1.14; sustantivo). En ambos, el evangelio es la señal por excelencia de la llegada del Mesías. El Reino de Dios se hace presente en la tierra y Cristo predica y anuncia el evangelio (Lc 8.1).
La iglesia primitiva hizo de la predicación del evangelio a toda persona su deber principal.
En el Antiguo Testamento, junto con la proclamación del evangelio deben darse la justicia o justificación (Sal 40.9), la salvación y la paz (Is 52.7). En el Nuevo Testamento Cristo Jesús es el evangelio mismo, y su obra hace real la salvación, la justificación y la paz para el mundo . El contenido del evangelio permanece inalterable y absoluto, pero se sella con la muerte propiciatoria de Cristo. Es el mensaje de reconciliación con Dios y nosotros somos colaboradores en su proclamación. En el juicio final, los hombres se juzgarán según su respuesta al evangelio.
ETICA PAULINA
Pablo hace hincapié en la soberanía divina, y para ello emplea una variedad de vocablos tales como «predestinar», «escoger», «llamar», «propósito», «voluntad», «beneplácito». Esta doctrina no se basa pues, tan solo en una palabra, un concepto o un versículo. En tres pasajes extensos lo expone. Romanos 8.28s enseña que la posición y el futuro del creyente están asegurados porque este es objeto del propósito eterno de Dios. Romanos 9–11 demuestra que el futuro de ISRAEL no depende de su mérito ni de la generación natural, sino del ejercicio de la misericordia soberana. Aparte de este principio, ninguno recibirá bendición ni salvación. Efesios 1.1–11 revela que la elección data desde antes de la fundación del mundo, está basada en el propósito y el beneplácito de Dios y tiene como fin la gloria de Él. Dios hace sus propósitos en conformidad con sus atributos y, por tanto, su plan le glorificará más que ningún otro plan.
Hombre y pecado
Romanos comienza por comprobar la necesidad de la vida de Dios que tiene el hombre, sea gentil que no tiene excusa porque ha sabido de Dios mediante la creación (1.18–23) y la conciencia, que ha sido instruido en la LEY de Dios (2.17–20) sin conformarse a sus normas. Cuando Adán pecó, toda la humanidad se rebeló contra Dios y esta condición universal provocó que el hombre esté «muerto» en sus «delitos y PECADOS», «siguiendo la corriente de este mundo, conforme al príncipe de la potestad del aire» y «haciendo la voluntad de la CARNE y de los pensamientos» (Ef 2.1ss). La condenación de Dios incluye la entrega del hombre a la inmundicia, a las pasiones vergonzosas y a una mente reprobada para que se manifieste su rebelión y su culpabilidad.
Justificación
Como la rebelión es absoluta y universal, y la pérdida es humanamente irreparable, la solución tiene que ser divina e infinita. El evangelio que Pablo anuncia y que revela la JUSTICIA divina es «poder de Dios para salvación a todo aquel que cree», y su fundamento es la muerte y la resurrección de Jesucristo (Ro 1.3s), cuyo sacrificio es una sustitución y nos imputa justicia. La muerte de Cristo, entonces, es el precio de la redención que satisface y manifiesta la justicia de Dios (Ro 3.24ss).
La JUSTIFICACIÓN es un término legal que significa emitir un veredicto favorable, vindicar, declarar justo. Se hace posible, no porque el hombre sea justo, sino porque se le atribuye la justicia de Cristo. Pablo no se cansa de oponer la justicia propia del hombre a la justicia divina que hemos de poseer para ser aceptos a Dios. Por eso, solo mediante un acto de fe puede el hombre apropiarse de la obra de salvación que Dios inició y consumará.
Identificación y santificación
La vital unión del creyente con Jesucristo es un concepto central para Pablo, como vemos en la repetición de la frase «en Cristo» y otras frases equivalentes como «en Él». Aunque esta unión se relaciona con la justificación, Pablo insiste en que es el motivo y la clave de una transformación creciente y completa en la vida del creyente. La unión se efectúa por el BAUTISMO del Espíritu Santo, mediante el cual cada creyente es unido con Cristo. Entonces somos identificados con Cristo en su muerte, su resurrección y su exaltación. Morimos con respecto al pecado, al mundo y a la Ley (Ro 7.4). Resucitamos a una nueva vida, aun antes de participar físicamente de la RESURRECCIÓN, y a una posición de privilegio y bendición . La unión es tan real que «ya no vivo yo, mas vive Cristo en mí; y lo que ahora vivo en la carne, lo vivo en la fe del Hijo de Dios» .
El ser identificado con Cristo no permite seguir las mismas corrientes de antes; hemos de despojarnos del «viejo hombre» y vestirnos del «nuevo» . El habernos identificado con Cristo y por tanto el haber muerto al pecado nos libera del dominio que antes ejercía el pecado sobre nuestra vida. La puerta al dominio divino está abierta. Aun así, cabe recomendar a los creyentes ciertas normas específicas de la ética tocante a la mentira, el enojo, la honestidad, el lenguaje y la pureza. El marido y la esposa, el hijo y los padres, el siervo y su amo reciben instrucción clara, y Flp añade a la lista de virtudes la humildad, el gozo, la oración y el contentamiento. Según Romanos, la ética abarca también la sumisión al gobierno y el repudio de la venganza.
Evidentemente hay fuerzas que militan contra el cumplimiento de estas exhortaciones. Pablo habla de dos clases de creyentes, el «carnal» y el «espiritual» (1 Co 2.15–3.4). Describe en detalle las obras de «la CARNE», la cual es la naturaleza pecaminosa del hombre, y contrasta con ellas el fruto del ESPÍRITU (vv. 22s). El cumplir con la ética cristiana no es un logro humano; tanto la salvación como la realización de la norma divina vienen por gracia y fe. La santidad no viene de solo luchar por obedecer una ley externa, sino de llevar el fruto de la justicia que brota de dentro del ser. El Espíritu Santo no solo nos une con Cristo, sino también mora en nuestra vida para ordenarla. La parte humana consiste en someterse a su gobierno y andar en Él (Gl 5.16; Ef 5.18).
Iglesia
El mismo bautismo por el Espíritu Santo que nos identifica con Cristo también nos une con todos los creyentes en un solo cuerpo espiritual (1 Co 12.13). Pablo ilustra esta unión con varias figuras: el cuerpo del cual Cristo es la cabeza (Ef 1.22s; Col 2.19), el templo en el cual Cristo es la principal piedra angular (Ef 2.20ss), la esposa y Cristo, el esposo (Ef 5.22–33). Cada miembro del cuerpo tiene su ministerio o don espiritual para la edificación del cuerpo (Ro 12.3–8; 1 Co 12.4–31; Ef 4.11ss). Esta diversidad de funciones dentro de la unidad corporal y bajo la dirección de la cabeza produce crecimiento, madurez, conformidad a la imagen de Cristo y gloria para Dios (Ef 4.12–16). Pablo fue comisionado para anunciar el misterio de la iglesia, que une al judío y al gentil en un solo cuerpo, de modo que aun los ángeles aprenden la sabiduría de Dios.
Esperanza
Como el Espíritu Santo participa eficazmente en la regeneración, la santificación y la formación de la Iglesia, también su presencia es la promesa y garantía de la futura herencia del creyente. Su presencia constituye «las primicias», o sea, la muestra actual de la gloria y bendición futuras en la presencia de Dios. Su presencia es el «sello» que autentica y conserva al redimido. Es «las arras» o pago inicial que promete la finalización de la obra redentora.
La extensa discusión de esta doctrina en 1 Co 15 fundamenta la esperanza de nuestra resurrección en la resurrección corporal e histórica de Jesucristo. Al hablar de las cosas finales, Pablo hace hincapié en que durante los últimos días la cristiandad se apartará de la verdad y negará aun estas doctrinas que él ha anunciado a la iglesia. Pero aun así, los que efectivamente hayan sido redimidos por Cristo tendrán una confianza inquebrantable ante su juez.
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